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Vigilancia privada, un oficio a la altura de una profesión

La percepción de que la vigilancia es un oficio que no implica poseer amplios conocimientos está mandada a recoger. Partamos del hecho de que los vigilantes son nuestra primara opción para muchas consultas, desde el uso del trasporte público hasta números de emergencias.

Estar en comunicación constante con residentes o usuarios, implica tener que brindar soporte a cada personalidad diferente con necesidades puntuales. Es de vital importancia, para uso y gozo de quien lo requiera, poseer una amplia cultura general.

Un vigilante apasionado por su oficio debe ser curioso, lo que lo llevará a tener un apetito voraz por indagar, consultar, preguntar, e informar. Será fiel consumidor de medios noticiosos, así podrá proporcionar datos precisos sobre la fecha, la hora, y por qué canal se trasmitirá el partido de fútbol que se avecina, o información valiosa que nos hará llegar a tiempo al trabajo sobre cierre de vías o fluidez de estas

Estará siempre atento a su entorno, por que su misión no solo es evitar que el bandido cumpla su objetivo, también te dirá qué asadero de pollo es mejor, ¡qué gran valor agregado!

Contar con un buen servicio de vigilancia también significa tener a la mano una guía turística, un servicio de georreferenciación de dónde conseguir víveres en tu barrio, un asesor inmobiliario, una tía regañona para niños insoportables, un saludo agradable para cuando has tenido un mal día y el cómplice que con prudencia te ayudará en situaciones embarazosas en las que te veas implicado.

Brindarles a los vigilantes un trato respetuoso y digno es el diploma que avalará todas sus virtudes.

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